Por: Diario de Cádiz
27 de Abril de 2011
EL 22 de abril este Diario publicó una crónica de Isabel Sánchez (AFP) enviada desde La Habana, donde describe las nuevas medidas adoptadas por Raúl Castro que, ante la precaria situación económica del país caribeño, han autorizado la apertura de negocios "por cuenta propia", lo que supone un pequeño avance en materia de libertades, las cuales han estado severamente restringidas por más de 50 años, pero que entraña también la obligación para los interesados de someterse por vez primera a un sistema tributario hasta ahora inexistente.
Resulta imposible saber de antemano cómo podrá desarrollarse este experimento, acostumbrados los cubanos a no encontrarse sujetos a ningún régimen impositivo, ya que el Estado ha sido el dueño absoluto del patrimonio nacional, lo que implicaba la exención de impuestos para los particulares.
Desgraciadamente, los que conocemos y amamos a Cuba, no podemos ilusionarnos frente a estos primeros síntomas de "normalización" social y económica en ese duro gobierno dictatorial. Para así pensar, basta con leer el artículo de la disidente cubana Yoani Sánchez publicado en El País de 22 del presente, donde expresa su profunda desconfianza de los resultados del VI Congreso del Partido Comunista cubano, que se inició con un gigantesco desfile militar que pretendía "dar una imagen de poderío hacia el exterior o disuadir posibles invasiones foráneas", pero que para esta valiente opositora, "el mensaje… estaba dirigido contra nosotros mismos", terminando con una conclusión dramática, al decir que "del mismo modo que los Mig volando sobre la ciudad no sobrepasaron la barrera del sonido, estos representantes partidistas no lograron atravesar los límites de su inmovilismo, la línea roja de su miedo".
Con el propósito de adentrarse en la realidad política y social de ese bello país y de su gente, recomiendo la lectura de la reciente publicación de las cartas que, durante 23 años, desde 1967 a 1990, envió desde La Habana y luego desde su exilio en Nueva York, el malogrado poeta y escritor cubano Reinaldo Arenas a sus amigos Margarita y Jorge Camacho, reputados artistas residentes en París (Editorial Point de lunettes, Sevilla, 2010). Esa correspondencia, iniciada cuando ya Fidel llevaba en el poder más de ocho años, nos muestra la terrible condición que ha vivido Cuba bajo el poder castrista, agravada de forma trágica en el caso de creadores e intelectuales contestatarios, algunos de ellos desaparecidos en condiciones jamás aclaradas. Enfermo terminal de sida, Arenas se quitó la vida en USA en 1990.